miércoles, 25 de febrero de 2015

No tienen llenadera


Sabemos que una enorme tajada de esos presupuestos terminarán en los bolsillos de políticos y constructores que se repartirán un jugoso botín
 
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Más de la mitad de los mexicanos no están hoy en posibilidades de comprar su canasta básica para alimentarse.
Dicho en otras palabras, más de la mitad de la población no come lo mínimamente indispensable con lo que gana.
En cifras cerradas, son unos 62 millones de mexicanos los que se van a la cama sin el estómago lleno o tienen que recurrir a la ayuda pública o privada para completar el gasto.
Las cifras reportadas por el Consejo Nacional de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dejan claro que lejos de irse resolviendo, el problema de la pobreza se está elevando en México.
Ubican el epicentro del drama en la reducción de poder adquisitivo de los mexicanos, cuya caída es mayor en el actual sexenio que en el anterior.
Desde que Enrique Peña nieto asumió la presidencia a finales de 2012, el ingreso laboral per cápita se redujo un 10.51 por ciento.
En el mismo periodo del gobierno de Felipe Calderón, la caída del ingreso laboral per cápita fue de 9.76 por ciento, incluido el 2008, el primer año de recesión.
Por eso los discursos triunfalistas se topan con pared. Porque por más que se insista en que vamos por un mejor camino, lo cierto es que cada vez el salario alcanza menos, y en consecuencia cada día el hambre pesa más.
Por eso abundan los cuestionamientos sobre la urgencia de promover megaobras como el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, o los trenes rápidos a Querétaro y Toluca, o la innecesaria obra hidráulica bautizada como Monterrey VI.
Porque al final del día sabemos que una enorme tajada de esos presupuestos terminarán en los bolsillos de políticos y constructores que se repartirán un jugoso botín.
Si el Gobierno federal, en su publicitada lucha contra la corrupción, quiere ver un botón de muestra, que investigue qué funcionario de la administración calderonista, muy panista él, adquirió todos los derechos en los ejidos por donde pasará el acueducto de Monterrey VI.
Si la obra apenas estaba en proceso de planeación y los buitres presupuestales ya la rondaban, imaginen las jugosas ganancias para quienes la administrarán.
O busquen también quién es el genético personaje que anda ofreciendo paquetes de construcción de esa misma obra, “porque Juan Armando Hinojosa, el constructor favorito, ya no va a poder entrar a concursar”.
Por eso es fácil explicar el incremento del hambre entre los mexicanos menos favorecidos. Porque los dineros públicos están destinados a unos cuantos voraces y corruptos que no tienen llenadera.

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