Por Ricardo Alemán.
Hoy
las novedades mediática suelen viajar en las llamadas redes sociales.
Por lo menos es el caso del escándalo provocado por Andrea Benitez, hija
del titular de la Profeco, Humberto Benitez Treviño, quien por un
berrinche tiene a su padre al borde del desempleo.
Como
todos saben, la también motejada como "Lady de Profeco", escandalizó en
un restaurante de la colonia Roma –del Distrito Federal–, porque no la
atendieron "como se merece". Como no pudo despedir a los meseros y
encargados del lugar –pues no son servidores públicos–, recurrió a la
influencia "de papi" y pretendió cerrar el negocio, aduciendo
deficiencias legales del establecimiento.
Pero
si bien se trata de un exceso reprobable –por donde se le quiera ver–,
también es cierto que resulta injusto decir que la conducta de la
llamada "Lady de Profeco" es una novedad en el circo de la política
mexicana. No, lo cierto es que ni es nuevo ni es un caso único.
Y
si existen dudas, vale recordar los escándalos provocados –en su
tiempo–, por "gustavito", al "hijo incómodo" de Gustavo Día Ordaz; por
el "orgullo del nepotismo" de José López Portillo, sin olvidar "los
hijos de la señora Martha", en los tiempos del primer presidente del
cambio, Vicente Fox. Pero esos son apenas el principio.
Recientemente
están los casos de Paulina, la hija de Carlos Romero Deschamps quien
sin pudor exhibió los excesos de que es capaz la hija de uno de los
grandes caciques sindicales; las burla pública de que fue objeto el
gobernador de Tabasco, Andrés Granier, por los derroches y fiestas de su
hijo "Fabiancito" y los ofensivos excesos de Claudia Cprochi, hija de
la gobernadora de Zacatecas, Amalia García.
Todo
ello sin olvidar el escándalo de Paulina, la hija de Enrique Peña
Nieto, quien publicó un tuit en el que llamó "prole" a los críticos de
su padre, pasando por la incongruencia de Andrés Manuel López Beltrán,
hijo de AMLO, que en un mitin a favor de los pobres vestía y calzaba
lujos que ofenden a los pobres y, por último, el caso de Mario Marín
García, hijo del "Góber precioso" de Puebla, quien en redes sociales
presumía lujosas propiedades en Europa y Estados Unidos.
En
realidad –como lo confirma la memoria–, pocos hombres del poder están a
salvo de los excesos de los "hijos incómodos". Sin embargo, el caso de
la llamada "Lady de Profeco" muestra características peculiares que
reclaman un tratamiento distinto. ¿Por qué?. Pequeños detalles.
1.-
Porque el jefe del titular de la Profeco, Humberto Benitez Treviño, es
el presidente Peña Nieto. ¿Y eso qué?, podría preguntar cualquier
ciudadano de a pie. Pues casi nada, que el entonces candidato y hoy
presidente, juró y perjuró que si ganaba la elección presidencial y
llegaba al poder, no regresaría el viejo PRI. Y lo que vimos es al viejo
PRI de cuerpo completo.
2.-
Porque el verdadero problema no es la actitud prepotente y arbitraria
de la "Lady de Profeco", sino que esa actitud se tradujo en algunas de
las más rancias y cuestionables prácticas del viejo PRI; la prepotencia y
el autoritarismo, que Peña Nieto dijo dejar atrás.
3.-
Porque si bien Andrea Benitez no es servidora pública y no está
contratada como empleada en la Profeco –y es sólo la hija del titular de
esa procuraduría–, en los hechos se desempeña como titular de la
dependencia. ¿Por qué?. Porque en ausencia de su padre –convaleciente de
una cirugía–, no hubo nadie capaz de cuestionar sus decisiones y
arbitrariedades.
4.-
Porque el hecho de que en ausencia de Humberto Benitez Treviño –el jefe
legal de la Profeco–, su hija haya asumido las funciones del padre,
habla por sí solo del desgobierno y la falta de autoridad en una
dependencia en donde el gobierno y la autoridad son las divisas
fundamentales.
5.-
Porque se sabe que luego del escándalo que protagonizó la "Lady de
Profeco", la señorita fue a la dirección de la Profeco y, en ausencia de
su padre, ordenó y operó la clausura del restaurante, lo cual no se
llevó a cabo sólo por la burocracia, no por otra cosa.
6.-
Y la razón más importante –y por la cual debe renunciar a su cargo
Humberto Benitez Treviño–, es que se trata de uno de los políticos más
cercanos al presidente Enrique Peña Nieto. Y si se recuerda, el
mandatario dijo recio y quedito que "el presidente" no tenía amigos y
que aquel que no estuviera a la altura, tendría que despedirse.
De
esa manera, por vergüenza elemental, porque el viejo PRI ya no tiene
cabida en el nuevo México, el Procurador del Consumidor debe renunciar,
dejar el cargo a un funcionario al que no supla su hija. Al tiempo.
EN EL CAMINO.
El PAN quiere Veracruz. ¿Lo soltará el PRI?. Otra vez, al tiempo.
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