El CEO que robó un gorro y el capitalismo psicópata
¿Han
oído hablar de Piotr Szczerek? Sí, el tipo que le robó un gorro a un
niño. No, no fue por hambre, ni por necesidad, ni por un impulso
“humano” de esos que todos tenemos. Fue porque puede. Porque en el mundo
de los multimillonarios, “puedo” es sinónimo de “merecido”. Y si
alguien te dice que eso está mal… bueno, probablemente te miren como si
fueras un bicho raro que aún cree en la ética.
Este
pequeño acto viral es la foto instantánea de una mentalidad que muchos
llaman “éxito empresarial”. Todo vale. Nada importa. Los lentos pierden.
Los empáticos se extinguen. La regla número uno del capitalismo moderno
no es la creatividad, ni la innovación, ni siquiera el trabajo duro: es
la ausencia de remordimientos.
Y
lo más gracioso—o terrorífico—es que este comportamiento no se castiga.
Lo aplauden. Lo celebran. “¡Qué audaz!” dicen los inversionistas
mientras el gorro del niño desaparece en el bolsillo de un tipo que
probablemente no recuerda su nombre. Porque la ética no paga dividendos,
camarada. La empatía no cotiza en bolsa. Y la psicopatía, en cambio,
sí: se premia, se recompensa, se aplaude en LinkedIn con un emoji de
aplausos.
Así que, sí:
mientras nosotros discutimos si es correcto o no, ellos ya están en la
siguiente jugada. Y el sistema sigue funcionando como si robar gorros
infantiles fuera la clave del progreso humano. Bienvenidos al
capitalismo: donde la moral es opcional y la audacia psicópata es una
inversión segura.
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