jueves, 19 de febrero de 2026


ACTA SATÍRICA IMPLACABLE

DE LA MORAL A DESTIEMPO, EL SILENCIO RENTABLE
Y LA INDIGNACIÓN CON DUEÑO

Que se levanta para que no aleguen ignorancia, amnesia
o “eso no venía en el guion”

En la muy respetable, muy libre y muy condicionada
República del Escándalo Administrado,
siendo el día exacto en que conviene mirar hacia otro lado,
comparecen los guardianes de la moral pública,
figuras autoproclamadas de la ética,
acreditados por rating, pauta y validación mutua.


PRIMERO. De la moral como espectáculo

Consta en actas que los comparecientes ejercen la indignación
no como principio ético,
sino como performance periódica,
activada únicamente cuando el acusado:

a) no pertenece a la élite financiera,
b) no comparte alianzas estratégicas, y
c) puede ser condenado sin consecuencias sistémicas.

La moral, se observa, no es convicción:
es escenografía.


SEGUNDO. Del enemigo permitido

Se deja constancia de que los nombres
Maduro, Cristina Fernández y equivalentes funcionales
operan como blancos seguros,
aptos para la lapidación diaria
sin riesgo alguno para el orden establecido.

Criticarlos no es valentía:
es rutina institucional.


TERCERO. Del silencio ante el poder real

Se asienta que, frente a hechos que implican
redes de explotación sistemática,
encubrimiento judicial,
protección política
y flujos financieros de origen dudoso
vinculados a élites globales,
los comparecientes adoptan una conducta unánime:

— silencio,
— minimización,
— tecnicismo,
— y pronto olvido.

No por falta de información,
sino por exceso de consecuencias.


CUARTO. De la censura que no se llama censura

Queda probado que ciertos temas
no se prohíben explícitamente,
pues eso sería burdo.

Se procede, en su lugar, a:

  • descalificar al mensajero,

  • patologizar la insistencia,

  • y etiquetar la duda como “peligrosa”.

La verdad no se refuta:
se vuelve indecible.


QUINTO. De los fieles útiles

Se hace constar que amplios sectores populares,
autodenominados “libres pensadores”,
defienden con fervor causas ajenas,
confundiendo orden con justicia
y jerarquía con mérito.

Repiten el discurso del poder
convencidos de estar desafiándolo.

La paradoja no se corrige:
se explota.


SEXTO. De la hipocresía elevada a norma

De lo anterior se concluye que la moral dominante
no busca proteger a las víctimas,
sino preservar la arquitectura del poder.

El escándalo es tolerable
solo cuando no escala.

La ética rige hasta donde empiezan
los nombres importantes.


SÉPTIMO. Declaración final

Se declara formalmente que la doble vara
no es un error del sistema,
sino su mecanismo central.

Y que quien se indigna solo cuando se le permite
no es moralista,
sino funcionario del silencio.


OCTAVO. Cierre irrevocable

Se levanta la presente acta
para archivo histórico,
para consulta futura
y para que, cuando todo vuelva a repetirse,
nadie pueda fingir sorpresa.

Doy fe.
Y no absuelvo.

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